Los gatos en la literatura

Tengo muchos libros que me han fascinado leer y algunos me han llamado la atención con la presencia de felinos, pero lejos de que éstos sean una leve compañía para el personaje o que éstos pertenezcan simplemente al ambiente han tomado lugar como protagonistas o son la piedra angular de la historia.

 

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Este singular recurso para contar historias es obviamente muy explotado con infinidades de animales: perros, conejos, osos, cangrejos, y un largo etc. Pero otro día hablaré de otros animales en la literatura ¡hoy toca al minino! que admito que es mí preferido.

Si me remonto a cuando era pequeña hubo montones de historias de gatos que me han gustado, son demasiados, aunque en su mayoría son animaciones, y cortos. Pero si tuviera que elegir del cual me enamoré por la narrativa que es una delicia escuchar, por la audiovisual y la música es:

 

El gato y la luna

 


 

Ahora en cuanto a lecturas pude disfrutar y que me diera cierto escalofrío esa dualidad entre Dina y el gato de Cheshire, en la obra, Alicia en el país de las Maravillas de Lewis Carroll.

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Digo dualidad porque Alicia, en la obra, esta en muchas ocasiones encontrándose sola evocando el recuerdo de su gata Dina: hermosa, juguetona y muda como cualquier gato. Y luego aparece el gato Cheshire en ese mundo del revés en donde sus apariciones parece ser un parlanchín, que interrumpe todo el tiempo a Alicia, que aparece decapitado o desapareciendo dejando el rastro de su sonrisa por la noche en una sensación opuesta a lo que Dina podía transmitir. Pero esto no hizo que a Alicia no le gustara el gato, al contrario, le inspiraba respeto, mientras en la realidad Dina solo se limita a ronronear y darle una compañía inocente y cariñosa, el gato de Cheshire es un guía misterioso y loco en su viaje.

 

Y si bien ya esta característica la había notado con anterioridad en mangas y animes como Sailor moon (con Luna y Artemis) o la serie de Sabrina la bruja adolescente ( con Salem); hay un factor muy presente en las obras en relación con los gatos, y es que estos cobran la maravilla de hablar y siempre terminan en situaciones como componente mágico o sobrenatural.

 

Y aquí les debo compartir un cuento infantil de Satoshi kitamura; que esta nada más y nada menos que redactado por Elijah Wood (Frodo) con la obra:

Yo y mi gato:

 


 

Pero a veces no necesariamente siempre estos hablan en cuentos o novelas y no por esto pasan desapercibidos. En donde me han impresionado mayormente su presencia no ha sido exactamente hablando, si no representando de forma sobrenatural las fuerzas del mas allá. Esto igual no es tan descabellado considerando que los gatos tuvieron su data histórica en ser relacionados con el Inframundo, con la brujería, en diferentes épocas y culturas.

 

Uno de ellos definitivamente es Aura de Carlos Fuentes.

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Es escalofriante. El destino que tienen los gatos en esa historia es brutal. Debo destacar que me llamo muchísimo la atención su redacción la primera vez que lo leí, ya que es una obra que esta puramente escrita en segunda persona:

 

“LEES ESE ANUNCIO: UNA OFERTA DE ESA NATURALEZA no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de te que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. tu releerás

 

Esta muy ligada a la brujería y el satanismo. Es extraña, visceral y tiene un final que pondría los pelos de punta a cualquiera.

 

Y la otra obra que recomiendo y donde el gato toma un protagonismo oscuro, inquietante y terrible es en la obra de Edgar Allan Poe:

 

El gato negro

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Recuerdo aún la primera vez que lo leí en inglés en un día de lluvia. Me gusto mas leerlo en su idioma original que traducido. Sentí incrementado la sensación de no entender si el gato era el provocador de las desgracias o si era victima de la locura del personaje principal. El desvarío y la presencia del gato como disparador de esa misma locura desencadena una violencia cruda y sin compasión para su propio final.

Como guiño, el gato negro de la historia se llama Plutón, que al principio ingenuamente, creí que sólo era por el planeta de la vía láctea jaja hasta que advertí que en realidad era por el Dios del Inframundo de la mitología romana, conocido por ser inflexible, terrible y despiadado, pero me llamo la atención porque tenía entendido que éste era representado por un perro… lo cual lo hace bastante irónico.

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Recuerdo también que cuando lo leí no dejaba de pensar en qué representaba el gato negro para el personaje, qué reflejaba el gato sobre él o incluso ¿qué significaba esto para el autor? Porque había párrafos que me hacían acordar a esa paranoia oscura como la que se aprecia también en su obra El cuervo.

Mi cita favorita de esta obra (refiriéndose al gato) es:

“Y de noche, a cada momento, cuando salía de mis sueños lleno de indefinible angustia, era tan sólo para sentir el aliento tibio de la cosa sobre mi rostro, y su enorme peso, encarnación de una pesadilla que yo no podía separar de mí y que parecía eternamente posada en mi corazón.”

 

¿Y cuál es tu obra preferida con gatos? ¡Te invito a comentar!

 

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Pasos en la Noche

 


Pasos en la noche

Era una mañana helada, y oscura. El cielo estaba aún negro por la noche. Marion llevaba puesto un vestido negro y una mochila afelpada, antes de llegar cubierta de rocío a la cabaña. Ya no recordaba porque estaba con tanta urgencia de llegar, aparte del frío y la humedad. Se le habían embarrado los zapatos, por la marcha rápida y por no mirar bien por donde pisaba. Le dolía muchísimo la muñeca, como si, hubiese hecho un mal esfuerzo. El aire que respiraba con tanta fuerza por el paso rápido, le estaban lastimando los orificios de la nariz, y enfriando sin piedad la garganta y, aun así, mantuvo el ritmo. Quería llegar a un lugar seguro, y ese era el camino a su casa.

Una vez llegado, entro presurosa, colando la llave en perfecta posición, en perfecto movimiento. Y la puerta se cerró detrás de ella, sumiéndola en la oscuridad. Y se quedó pensando mientras intentaba en una postura quieta adaptarse al calor natural del hogar, mientras se llenaba de su mutismo. ¿Qué día era? ¿Era lunes, no? ¿estaba volviendo de un lugar o estaba llegando? ¿salió de su casa sin darse cuenta? Lo que no entendía era porque estaba volviendo tan pronto de mañana a su propia casa. No es que estaba yendo a la escuela. Estaba volviendo. Y el vestido y los zapatos, no era la vestimenta que solía usar para ir a la escuela. Y no solo eso era extraño… ya de por sí, era no recordarlo.

Si fue así, no solo se olvidó la razón de salir, sino que también, se le paso el paraguas y algún buen abrigo. ¿Acaso se quedó dormida para ir a la escuela y salió disparada a la parada de forma automática?  Eso le dio un poco de miedo. Nunca le había pasado, empezó a sentir el escozor del calor en sus manos, y se animó a moverse para prender la luz, pero estaba tan aturdida aun por el frio, y el cansancio que, le costó encontrar el interruptor.

Cuando lo encontró, este sonó con un clack abasteciendo la cálida luz sobre las maderas. Aun su casa estaba en silencio, y en su estado original: tranquila y acogedoramente acalorada. Marion se sacó su mochila de felpudo y la dejo tirada al suelo mientras se desplomaba en el sofá, exhausta.

Movió su cabeza para atrás proyectando su mirada al techo, pero al siguiente segundo cerro sus ojos. Su cansancio era como si hubiese estado corriendo de forma abrupta, desesperante. ¿Porque no estaba recordando nada? ¿Cómo alguien puede olvidarse algo tan esencial como saber la razón de salir de la casa? A Marion se le presionó un poco el pecho, ¿y si le paso algo en el trayecto de salida a la parada? Capaz se dio un golpe entre la corrida, y está teniendo un periodo de amnesia. La amnesia esta, eso es claro. Pero recordaba quien era, recordaba que esa era su casa, y que sus papas están durmiendo. Y que era lunes por la madrugada. Así que es una amnesia chiquitita, pensó. La situación de su memoria le alarmó lo suficiente como para pensar, en cómo le diría a sus padres semejante cosa. Cuando concientizaba la idea de decir, “mamá, salí de casa y algo paso, volví corriendo, pero no me acuerdo de qué”, le daba un escozor de miedo en el pecho, que las lágrimas amenazaban por salir. Tomo su mochila de felpudo del suelo, y noto que en un costado estaba manchado con un rastro de sangre, frunció el entrecejo, y de inercia, quedo mirando a la nada intentando escarbar en un hoyo negro sin forma en su mente. Lo último que podía recordar era despertar de su cama y apagar la alarma del reloj, el resto nada, estaba tan oscuro como la inmensidad de la noche sobre ella. Incluso el trayecto devuelta, en el que se “despertó”, hasta su casa, le parecía ya un mal sueño.

Crrcrakcrak

Trono el sonido de madera de la puerta abriéndose, y llevando su mirada hasta ahí, estaba alguien mirándola fijamente. Era su hermano, empapado de sangre, y sus ojos obsesivos, y los ojos de confusión de Marion, se encontraron, y desencontraron al mismo tiempo.

Sonó súbitamente el reloj de mesa. Si había algo que a Marion le molestaba era despertar de forma sobresaltada. Se levantó pesada de la cama, y mirando la ventana escarchada previo que iba a ser frío. Lo hermoso de estar en una casa de madera, es que uno no siente esas crueldades de la naturaleza. Era tempranito. Aún era de noche. Ni siquiera eran las 5, pero se predispuso a madrugar, trabajo un par de estiramientos bajo la luz de la mesita de noche, mientras repasaba mentalmente por la novela de la materia de lengua por la que le iban a preguntar. Se fue al baño, se cepillo los dientes, volvió a su cuarto y empezó a regocijarse cuchicheando un par de bolsas. Se puso un bonito vestido que le compro su madre el fin de semana, y se probó unos zapatos, eso iba a usar ese día para Benjamín que la había invitado a salir a la tarde. Y antes de probar que abrigo quedaba mejor con el vestido, fue a la cocina para hacerse un té verde con jengibre. Sus pasos en la noche se intercalaron con otros pasos, que no debían estar. No paso un par de segundos más que sintió un ruido sordo, como un golpe duro contra el suelo. Y quedo expectativa de escuchar algo más, se supone que sus padres estaban dormidos. Avanzo unos pasos hacia la sala, y escucho una especie de aullido y grito ahogado, y se le congelo el corazón. Sus ojos redondos como planetas quedaron mirando por el pasillo oscuro. Mientras pensaba en posibilidades. La tele no era, no tenía tanta calidad de sonido, para que sonara de esa manera. O sus padres estaban teniendo una pelea horripilante, de esas que hay que intervenir… o alguien había entrado a la casa.

La segunda posibilidad era peor, y Marion no supo exactamente qué hacer. Pero era peor quedarse ahí a la espera de otro ruido desgarrador. Así que solo se balanceo a la habitación de sus padres. Tan solo si quiera para encontrarse con algo que apenas iba a poder entender.

Su hermano Tomas, había matado a sus padres a hachazos. Había pedazos de carne como si fueran pedacitos de asado crudo esparcido entre la cama matrimonial y el suelo. Y el rostro de Tomas, era de un libido violento y desproporcionado. Los ojos fijos de él la miraban sin reconocerla, eran inhumanos. Era el espíritu de un monstruo en el rostro de su hermano. El chiflido de la pava era exactamente igual de agudo como el de su despertador, pensó y su cerebro dejo de funcionar, y Marion quedo muda. Muda como ahora en el sofá. Y los ojos se superponían, y la carne se superponía, y la sangre y el rocío del cielo de la noche se superponía.

-creo que la mente te jugo en contra_ sentencio su hermano al verla en el sofá.

Y ahora Marion se daba cuenta, porque el dolor de sus piernas y el instinto de urgencia le habían exigido huir.

 


 

Las cuatro estaciones:

¿Dónde esta mi elefante?

Sara se convirtió en agua

Reconocer a la muerte

Paraíso oscilante

Pasos en la noche

Beso

 


 

Sara se convirtió en Agua


Sara se convirtió en agua

Si tuviera que contar esto desde el principio, debería decir que Sara se despertó una mañana soñando con sus dos abuelos, uno estaba muerto, el otro estaba vivo, pero supuso que el segundo se iba a reunir con el primero, por esas razones premonitorias que te dejan esos sueños raros que parecen del mas allá.

Se levanto pesada de la cama y con frío, el otoño había venido para quedarse, y era la estación que, en particular, ella se sentía mas identificada en ese largo año. Sara era como un árbol sin hojas arrebatado por el viento. Sentía frío más de lo normal. Todo en ella se seco, se murió y se cayo al suelo. Podía sentir en cada pisada el crujido de algo que solía ser de ella. Y aún, con la muerte arrastrándola como una sombra, se hacia el desayuno, comía, se vestía, y salía de su casa, dispuesta a cumplir la rutina. Sara sabía que a la gente no le gusta ver demasiado a un árbol sin hojas. A la gente solo le agradan personas felices, sin sombras raras, ni crujidos de muerte.

Cuando caminaba últimamente, le daban miedo los árboles.  Podía recordar que antes los árboles en hilera, eran su personal satisfacción de contemplar la naturaleza. Pero ahora le asustaban, le daban vértigo al caminar. Le provocaban una intensa sensación de irrealidad, y a causa de esto, le nacía una enorme urgencia de salir corriendo. Pero claro, no lo hacía. Solo concentraba su miraba al suelo y seguía caminando.  Esa mañana, sin embargo, no tuvo ganas de seguir con la monotonía. Los árboles se volvieron tan altos, tan monstruosamente simétricos en patrones a su costado, que la descompuso al borde del vómito. Así que Sara se fue a un bosque. Capaz todos sus miedos la terminaban por devorar y ya no tenía que pensar más en nada.

Había un árbol muy especial en aquel bosque, ni muy en el centro, ni muy al costado, su ubicación era perfecta. Un magnetismo extraño se apodero de su pequeña existencia, y supo que, al abrazar aquel árbol, se abriría ante ella una puerta…

Así que con todo el vértigo que implicaba caminar entre los árboles, avanzó con pasos torpes hacia lo que tanto le esperaba. Su instinto no se equivocó. Por alguna razón, estaba en frente suyo, por alguna razón, ese árbol en aquel bosque, en esa mañana, estaba enfrente de ella, y de nadie más. Así que solo siguió la corriente… los chinos dicen que hay que fluir como el agua. Ella decidió no ser más un arbusto muerto, y aunque no sabía las oleadas que iban a emerger de todo aquello, Sara se convirtió en agua.

Se decidió a cruzar ese terrible umbral… y se abrazo con fuerza a sus cortezas. Y solo así, las energías de ambos se concentraron, alterando la gravedad, abriéndose un espacio que era un vacío, un blanco que era negro, un portal. Ella transformo su cuerpo como la alquimia y fluyo en estado líquido. Y en escaso tiempo, ese majestuoso árbol se la llevo por completo. Nadie se hubiera percatado de eso al mirar hacia el bosque ni por un segundo… El árbol simplemente la absorbió como el agua…


 

Las cuatro estaciones:

¿Dónde esta mi elefante?

Sara se convirtió en agua

Reconocer a la muerte

Paraíso oscilante

Pasos en la noche

Beso

 


 

Reconocer a la Muerte

 


Reconocer a la Muerte

Había una escritora, muy supersticiosa, que le empezó a tener miedo a la muerte. Algo se lo anunciaba en los sueños. Algo se lo decía en los sonidos de la naturaleza, o en sobresustos en los horribles tránsitos a la hora y pico.

 

Para menguar su miedo, se decidió a que mucho de su ser muriera en miles de pedazos, antes de que algo más lo decidiera por ella. Y puso su empeño, en escribir docenas de cuentos cada semana o cada mes. Todo lo que se le ocurriera, lo ponía bajo sus lápices, o bajo los teclados. Los escenarios tramados, los trasfondos, las sensaciones, todo entre palabras. Nada faltaba. Y sobretodo lo mas excepcional. El personaje. Los creaba con diferentes formas y colores. Les daba risa, les daba pena, les daba muerte.

 

En todos sus personajes ella ponía un poco de si. En cada uno, había algo de su sal, de su dulzura, o su desazón. Y tras una risueña escena, morían. No falta decir, que morían con razón o sin ella. Morían sin quererlo o morían con deseo. Desfallecían a pedazos en las veredas, o en las plazas, o en los campos.

 

Todos morían, y con ellos un poco de ella. Supo en el fondo de su ser, que mientras se cumpliera esta regla imprescindible, ella ante tanta muerte, alargaría su vida. Balanceando un equilibrio sobre algo que era invisible y que solo para ella era como materia viva. Y así iban pasando los años de su vida, como cortando pedazos de hilo, para formar vestidos. Entre entes y muertes. Entre hilos y vida.

 

Lo que nunca imagino, de la gracia estrambótica ante la muerte, y las hojas impresas, fue el día de la excepción. Vino como tocando a su puerta. Pero fue mas bien, tocando sus ojos entre las líneas. El buen día en que su mente se empezó a distraer, y obstinar con unos de sus personajes.

 

Que estupidez… enamorarse de un personaje. ¡Si la primera premisa es saber que este ni existe! Pero que bien se le pasea en la cabeza cuando lo crea. Se deambula por sus patios alumbrados de idealización, de belleza interna que solo alguien quien lo sueña lo puede comprender.

 

Y cuando la escritora, no supo quitar sus palabras ante esa alma creada, de nuevo la muerte se le aproximaba. Ella tenía que matar a lo mas bello que pudo erigir. Y se intentaba de convencer entre sus ojos, la noche, el insomnio y las horas oscuras, que aquello no era algo real. Que capaz no era real ni la muerte al que tanto le había temido. Pero se le hizo extraño, que, gracias a la muerte, pudo transformar sus miedos en historias, sus obsesiones en metáforas, sus abstracciones en poesía, su amor en pluma viva. Y ahí estaba… su personaje mas querido, como alguien lejano, esperando en un lugar al que ella no podía acceder. Pero, tomo la pluma, y se dispuso a darle fin. Pero no quiso que tuviera una muerte ni terrible, ni trágica, ni mucho menos sangrienta. En un simple cuento, que asemejaba a un sueño, hizo que su personaje se acostara plácidamente en la cama. La muerte vendría, silenciosa, y tranquila como la acaricia de una pluma. Y tras un intenso y pesado sueño se dormiría… y… y…

 

Lo dejo así… no creía que pudiera engañar a la muerte. Pero no se atrevía a escribir mucho más. Esa noche con sus ojos y su boca manifestando un bostezo y un suspiro, sin decir, ni proferir mucho, dejo vivir al personaje al que había creado con tanto esmero. Obviamente la muerte vino con decisión a buscarla, y mas allá de ello no se preocupo para nada. Se acostó en la cama, mientras un intenso sueño la iba invadiendo por completo.

 

Y en su último pensamiento donde la muerte la buscaría en su pesado sueño, se preguntó en como su personaje podía seguir viviendo, si ella no estaba mas allí para escribirlo.


 

Las cuatro estaciones:

¿Dónde esta mi elefante?

Sara se convirtió en agua

Reconocer a la muerte

Paraíso oscilante

Pasos en la noche

Beso

 


 

¿Dónde esta mi elefante?

 


¿Donde esta mi elefante?

Ya no puedo amar por garantías, es algo que puedo agradecer tal vez a la vida. Pero a veces pierdo los bordes, las intenciones, las cosas que corresponden a las formas, lo impuesto o lo aprendido. La experiencia o la especulación. Ya no puedo amar por conformidad y ya no sé si es algo pretencioso. Ya no puedo beber de vanas ilusiones, mientras la entidad de la soledad me acompaña. Ya no puedo amar por solo creer en los versos o de la poesía que han sido siempre mi peor manía. Ya no quiero a nadie que me escriba. No quiero una historia de amor de mierda bien contada.  No quiero las pupilas, ni las pilas. No quiero las copias y coplas de nadie. No quiero ser musa, ni quedarme muda. Ya no quiero ser la última en enterarme que, si soy reemplazable, que no soy imprescindible. Ya no quiero amar detrás de un banco, ni detrás de un andén, ni lejos por las veredas o plazas. No quiero que alguien escriba lo romántico de las palabras. Porque amo a algo que no existe. Mi mente arrulla lo que la luna silencio hace mucho tiempo.

Ahora solo quiero que alguien escriba solo lo que es, solo lo que es, lo que hay cada día. La misma voz, el mismo césped. El mismo cielo, el mismo gato, la misma taza de té. Que respire el mismo aire, con la misma luz, con la misma intensidad, con la misma lealtad.

¿Dónde está mi elefante? No lo vi cuando paso. ¿Dónde está el mes de mayo? No lo vi cuando se fue.

 


 

Las cuatro estaciones:

¿Dónde esta mi elefante?

Sara se convirtió en agua

Reconocer a la muerte

Paraíso oscilante

Pasos en la noche

Beso