El crecimiento artístico y literario en jóvenes del siglo xx d. C.

 

Si hablamos de jóvenes que se adentraban en la adolescencia en el 1900 y pico, y querían o deseaban ser escritores. Ustedes, ¿Qué creen que ellos pensaban? ¿Qué estudiaban? ¿Qué analizaban? ¿Qué creían? ¿Qué tan diferentes eran sus introspecciones sobre los jóvenes de ahora?  ¿o de los jóvenes que nosotros mismos hemos sido? Son preguntas que pueden ser curiosas, pero, y si estos jóvenes que les traigo a colación gozan ahora de un increíble prestigio, uno ganador del premio nobel en 1946 y el otro considerado como uno de los más influyentes en la literatura inglesa, estas preguntas ¿no son aún más curiosas?

 

Pero lo mejor de esto, es que, obviamente estas preguntas se pueden contestar, porque ellos mismos lo han respondido con sus obras principales. Por eso les traigo este breve análisis de dos escritores que transmitieron sus pensamientos y su devenir en el camino de la escritura:

Demian de Hermann Hesse y El retrato de un artista adolescente de James Joyce.

 



 

Ambas obras se publicaron en la misma década El retrato en 1916 y Demian en 1919. No es mera coincidencia, los autores sólo tienen unos 5 años de diferencia en sus respectivos nacimientos. Aunque Joyce es procedente de Irlanda y Hesse de Alemania.

 

En sus obras, ambos inciden en la temática de la transición de la niñez y la juventud. Es por eso que en la literatura estos libros son considerados Bildungsroman o novela de formación o novela de aprendizaje. Término acuñado en 1819 por el filólogo Johann Carl Simon Morgenstern. Este término indica que la temática de la novela es la evolución y el desarrollo físico, moral, psicológico y social de un personaje, generalmente desde su infancia hasta la madurez.

 

Haciendo precisamente esto, ambos autores cuentan su historia a través de alter egos: el de Hesse es Emil Sinclair y el de Joyce es Stephen Dedalus.  En ambos se vislumbra similitudes de rebelión contra el contexto histórico en el que vivían y abordan sus opiniones sobre Religión – Política – Arte y como estas tres terminan de definir su forma de pensar y sentir y definen el camino que tuvieron que elegir en sus vidas.

 

En cuanto a la política, a través de Emil Sinclair se puede observar un sentido de esperanza en el país, y en creer en nuevos ideales a pesar de sus sufrimientos por adentrarse a la guerra. Muy al contrario de Stephen Dedalus donde manifiesta un tono profundo de desesperanza y recriminación por los gobernantes y el estado de su propio país.

En cuanto a la religión, la verdad que esto da para mucha tela, pero, en síntesis, ambos tienen una enorme introspección, meditación y cuestionamiento de la iglesia, la biblia, y una increíble propia interpretación sobre el Infierno. Por parte de Sinclair hay una fascinación, y curiosidad morbosa alrededor de este tópico. Y a través de Dedalus, una sorda preocupación, culpabilidad y temor. Ambos al final terminan desmenuzando ideas y liberándose de la opresión de estas creencias para transformarlas para sí mismos en sus vidas.

 

Finalmente, en cuanto al arte, ambos tenían una misma conclusión: Buscar el camino interno. Ir hacia lo que es incierto. No refugiarse en lo conocido, en lo que se sabe que funciona, en lo que es el ideal esperado. Para ambos el artista busca lo nuevo, es un impulso constante. No tener modelos a seguir o renunciar a ellos si es necesario. Perseguir lo extraordinario, aunque eso signifique aventurarse ir hacia la nada.

 

Otra cosa interesante que he notado en ambos jóvenes es como expresan su alusión hacia las aves. Que a modo de confesión personal me identifico bastante.

Ellos manifiestan un reflejo con las aves, que tiene que ver con su crecimiento, con su necesidad de expandirse, y también con su devenir en el arte y la literatura, para Sinclair tiene que ver con el renacer, con romper el cascaron. Y con Dedalus con aventurarse al cambio, con la migración hacia otro lado.

 

Pero les dejo mis citas favoritas porque claramente ellos lo transmiten mejor:

 

“De este género eran nuestras conversaciones […], todos me ayudaban a construir en mí, a desprenderme de mi piel vieja, a romper el cascarón […]. El verdadero oficio de cada uno era tan solo llegar a sí mismo. Luego podía terminar en poeta o en loco, […] Yo era un impulso de la Naturaleza, un impulso hacia lo incierto, quizá hacia lo nuevo, quizá hacia la nada y mi oficio era tan solo dejar actuar este impulso, nacido en las profundidades primordiales, sentir en mí su voluntad y hacerlo mío por entero.”

Emil Sinclair, Damian por Hermann Hesse.

 

“Un temor a lo desconocido latió […], ¿Qué pájaros eran aquellos? Pensó que serían golondrinas ya de vuelta del sur. El pronóstico era, por tanto, de partida […].  Y sintió que el pronóstico que buscaba en las evoluciones zigzagueantes de los pájaros y en el pálido espacio de los cielos, había surgido de su corazón, como un ave que se arrojara al vuelo desde una breve cúpula, silenciosamente, con velocidad rasante.”

Stephen Dedalus, El retrato de un artista adolescente por James Joyce.

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