Pasos en la Noche

Siempre me dieron escozor las amnesias, me ha pasado que por la rutina de todos los días, sobretodo en el tiempo escolar, me preparaba tan mecánicamente a la mañana, que todos los pasos eran automatizados e inconscientes, a tal punto que ni cuenta me daba lo que hacía. Recuerdo que una vez que desperté, me senté en la cama, y de golpe estaba sentada en el aula escuchando a mi profesora de Geografía y no entendí como había llegado hasta ahí. La realidad es que no tengo tan mala memoria, no al menos comparado con otras personas, que no solamente les falla la memoria ram, si no también  la de largo plazo, y se pueden olvidar hasta cosas que hicieron o dijeron en momentos cruciales o con personas relevantes. Por eso, cuando soy consciente de tener baches en la memoria, no me importa si sea de algo insustancial, me disgusta bastante. Y no me imagino lo que se debe sentir, olvidar algo que deberías haber recordado. Bueno, en realidad si me lo imagine, de esto me se me ocurrió la historia de Marion…

 

Cuento Abril de 2017


Pasos en la noche

Era una mañana helada, y oscura. El cielo estaba aún negro por la noche. Marion llevaba puesto un vestido negro y una mochila afelpada, antes de llegar cubierta de rocío a la cabaña. Ya no recordaba porque estaba con tanta urgencia de llegar, aparte del frío y la humedad. Se le habían embarrado los zapatos, por la marcha rápida y por no mirar bien por donde pisaba. Le dolía muchísimo la muñeca, como si, hubiese hecho un mal esfuerzo. El aire que respiraba con tanta fuerza por el paso rápido, le estaban lastimando los orificios de la nariz, y enfriando sin piedad la garganta y, aun así, mantuvo el ritmo. Quería llegar a un lugar seguro, y ese era el camino a su casa.

Una vez llegado, entro presurosa, colando la llave en perfecta posición, en perfecto movimiento. Y la puerta se cerró detrás de ella, sumiéndola en la oscuridad. Y se quedó pensando mientras intentaba en una postura quieta adaptarse al calor natural del hogar, mientras se llenaba de su mutismo. ¿Qué día era? ¿Era lunes, no? ¿estaba volviendo de un lugar o estaba llegando? ¿salió de su casa sin darse cuenta? Lo que no entendía era porque estaba volviendo tan pronto de mañana a su propia casa. No es que estaba yendo a la escuela. Estaba volviendo. Y el vestido y los zapatos, no era la vestimenta que solía usar para ir a la escuela. Y no solo eso era extraño… ya de por sí, era no recordarlo.

Si fue así, no solo se olvidó la razón de salir, sino que también, se le paso el paraguas y algún buen abrigo. ¿Acaso se quedó dormida para ir a la escuela y salió disparada a la parada de forma automática?  Eso le dio un poco de miedo. Nunca le había pasado, empezó a sentir el escozor del calor en sus manos, y se animó a moverse para prender la luz, pero estaba tan aturdida aun por el frio, y el cansancio que, le costó encontrar el interruptor.

Cuando lo encontró, este sonó con un clack abasteciendo la cálida luz sobre las maderas. Aun su casa estaba en silencio, y en su estado original: tranquila y acogedoramente acalorada. Marion se sacó su mochila de felpudo y la dejo tirada al suelo mientras se desplomaba en el sofá, exhausta.

Movió su cabeza para atrás proyectando su mirada al techo, pero al siguiente segundo cerro sus ojos. Su cansancio era como si hubiese estado corriendo de forma abrupta, desesperante. ¿Porque no estaba recordando nada? ¿Cómo alguien puede olvidarse algo tan esencial como saber la razón de salir de la casa? A Marion se le presionó un poco el pecho, ¿y si le paso algo en el trayecto de salida a la parada? Capaz se dio un golpe entre la corrida, y está teniendo un periodo de amnesia. La amnesia esta, eso es claro. Pero recordaba quien era, recordaba que esa era su casa, y que sus papas están durmiendo. Y que era lunes por la madrugada. Así que es una amnesia chiquitita, pensó. La situación de su memoria le alarmó lo suficiente como para pensar, en cómo le diría a sus padres semejante cosa. Cuando concientizaba la idea de decir, “mamá, salí de casa y algo paso, volví corriendo, pero no me acuerdo de qué”, le daba un escozor de miedo en el pecho, que las lágrimas amenazaban por salir. Tomo su mochila de felpudo del suelo, y noto que en un costado estaba manchado con un rastro de sangre, frunció el entrecejo, y de inercia, quedo mirando a la nada intentando escarbar en un hoyo negro sin forma en su mente. Lo último que podía recordar era despertar de su cama y apagar la alarma del reloj, el resto nada, estaba tan oscuro como la inmensidad de la noche sobre ella. Incluso el trayecto devuelta, en el que se “despertó”, hasta su casa, le parecía ya un mal sueño.

Crrcrakcrak

Trono el sonido de madera de la puerta abriéndose, y llevando su mirada hasta ahí, estaba alguien mirándola fijamente. Era su hermano, empapado de sangre, y sus ojos obsesivos, y los ojos de confusión de Marion, se encontraron, y desencontraron al mismo tiempo.

Sonó súbitamente el reloj de mesa. Si había algo que a Marion le molestaba era despertar de forma sobresaltada. Se levantó pesada de la cama, y mirando la ventana escarchada previo que iba a ser frío. Lo hermoso de estar en una casa de madera, es que uno no siente esas crueldades de la naturaleza. Era tempranito. Aún era de noche. Ni siquiera eran las 5, pero se predispuso a madrugar, trabajo un par de estiramientos bajo la luz de la mesita de noche, mientras repasaba mentalmente por la novela de la materia de lengua por la que le iban a preguntar. Se fue al baño, se cepillo los dientes, volvió a su cuarto y empezó a regocijarse cuchicheando un par de bolsas. Se puso un bonito vestido que le compro su madre el fin de semana, y se probó unos zapatos, eso iba a usar ese día para Benjamín que la había invitado a salir a la tarde. Y antes de probar que abrigo quedaba mejor con el vestido, fue a la cocina para hacerse un té verde con jengibre. Sus pasos en la noche se intercalaron con otros pasos, que no debían estar. No paso un par de segundos más que sintió un ruido sordo, como un golpe duro contra el suelo. Y quedo expectativa de escuchar algo más, se supone que sus padres estaban dormidos. Avanzo unos pasos hacia la sala, y escucho una especie de aullido y grito ahogado, y se le congelo el corazón. Sus ojos redondos como planetas quedaron mirando por el pasillo oscuro. Mientras pensaba en posibilidades. La tele no era, no tenía tanta calidad de sonido, para que sonara de esa manera. O sus padres estaban teniendo una pelea horripilante, de esas que hay que intervenir… o alguien había entrado a la casa.

La segunda posibilidad era peor, y Marion no supo exactamente qué hacer. Pero era peor quedarse ahí a la espera de otro ruido desgarrador. Así que solo se balanceo a la habitación de sus padres. Tan solo si quiera para encontrarse con algo que apenas iba a poder entender.

Su hermano Tomas, había matado a sus padres a hachazos. Había pedazos de carne como si fueran pedacitos de asado crudo esparcido entre la cama matrimonial y el suelo. Y el rostro de Tomas, era de un libido violento y desproporcionado. Los ojos fijos de él la miraban sin reconocerla, eran inhumanos. Era el espíritu de un monstruo en el rostro de su hermano. El chiflido de la pava era exactamente igual de agudo como el de su despertador, pensó y su cerebro dejo de funcionar, y Marion quedo muda. Muda como ahora en el sofá. Y los ojos se superponían, y la carne se superponía, y la sangre y el rocío del cielo de la noche se superponía.

-creo que la mente te jugo en contra_ sentencio su hermano al verla en el sofá.

Y ahora Marion se daba cuenta, porque el dolor de sus piernas y el instinto de urgencia le habían exigido huir.

 


 

 

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