Reconocer a la Muerte

Escritos Random del año 2017

Cuando estaba por el 2017, tras salir de una depresión, o intentando salir de una, me tome la meta de hacer un cuento, un relato, o lo que sea que me saliera, una vez por mes…

Como dije en mi anterior entrada, había veces que no sabía bien que escribir, y solo largaba lo que realmente me salía dependiendo exclusivamente de mis emociones. El del mes de Marzo, fue algo turbio, había veces que me volvía ciertos pánicos nocturnos que sufrí desde el 2015 y 2016, y para purgarme de aquel miedo, me salio esta cosa, que ni siquiera sabía del todo bien como terminarlo.

 

Cuento de Marzo

Reconocer a la Muerte

Había una escritora, muy supersticiosa, que le empezó a tener miedo a la muerte. Algo se lo anunciaba en los sueños. Algo se lo decía en los sonidos de la naturaleza, o en sobresustos en los horribles tránsitos a la hora y pico.

 

Para menguar su miedo, se decidió a que mucho de su ser muriera en miles de pedazos, antes de que algo más lo decidiera por ella. Y puso su empeño, en escribir docenas de cuentos cada semana o cada mes. Todo lo que se le ocurriera, lo ponía bajo sus lápices, o bajo los teclados. Los escenarios tramados, los trasfondos, las sensaciones, todo entre palabras. Nada faltaba. Y sobretodo lo mas excepcional. El personaje. Los creaba con diferentes formas y colores. Les daba risa, les daba pena, les daba muerte.

 

En todos sus personajes ella ponía un poco de si. En cada uno, había algo de su sal, de su dulzura, o su desazón. Y tras una risueña escena, morían. No falta decir, que morían con razón o sin ella. Morían sin quererlo o morían con deseo. Desfallecían a pedazos en las veredas, o en las plazas, o en los campos.

 

Todos morían, y con ellos un poco de ella. Supo en el fondo de su ser, que mientras se cumpliera esta regla imprescindible, ella ante tanta muerte, alargaría su vida. Balanceando un equilibrio sobre algo que era invisible y que solo para ella era como materia viva. Y así iban pasando los años de su vida, como cortando pedazos de hilo, para formar vestidos. Entre entes y muertes. Entre hilos y vida.

 

Lo que nunca imagino, de la gracia estrambótica ante la muerte, y las hojas impresas, fue el día de la excepción. Vino como tocando a su puerta. Pero fue mas bien, tocando sus ojos entre las líneas. El buen día en que su mente se empezó a distraer, y obstinar con unos de sus personajes.

 

Que estupidez… enamorarse de un personaje. ¡Si la primera premisa es saber que este ni existe! Pero que bien se le pasea en la cabeza cuando lo crea. Se deambula por sus patios alumbrados de idealización, de belleza interna que solo alguien quien lo sueña lo puede comprender.

 

Y cuando la escritora, no supo quitar sus palabras ante esa alma creada, de nuevo la muerte se le aproximaba. Ella tenía que matar a lo mas bello que pudo erigir. Y se intentaba de convencer entre sus ojos, la noche, el insomnio y las horas oscuras, que aquello no era algo real. Que capaz no era real ni la muerte al que tanto le había temido. Pero se le hizo extraño, que, gracias a la muerte, pudo transformar sus miedos en historias, sus obsesiones en metáforas, sus abstracciones en poesía, su amor en pluma viva. Y ahí estaba… su personaje mas querido, como alguien lejano, esperando en un lugar al que ella no podía acceder. Pero, tomo la pluma, y se dispuso a darle fin. Pero no quiso que tuviera una muerte ni terrible, ni trágica, ni mucho menos sangrienta. En un simple cuento, que asemejaba a un sueño, hizo que su personaje se acostara plácidamente en la cama. La muerte vendría, silenciosa, y tranquila como la acaricia de una pluma. Y tras un intenso y pesado sueño se dormiría… y… y…

 

Lo dejo así… no creía que pudiera engañar a la muerte. Pero no se atrevía a escribir mucho más. Esa noche con sus ojos y su boca manifestando un bostezo y un suspiro, sin decir, ni proferir mucho, dejo vivir al personaje al que había creado con tanto esmero. Obviamente la muerte vino con decisión a buscarla, y mas allá de ello no se preocupo para nada. Se acostó en la cama, mientras un intenso sueño la iba invadiendo por completo.

 

Y en su último pensamiento donde la muerte la buscaría en su pesado sueño, se preguntó en como su personaje podía seguir viviendo, si ella no estaba mas allí para escribirlo.

 

 

Cuento de Mayo: ¿donde esta mi elefante? 

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